sábado, septiembre 12

Tres porqué para no morir





I
Cuando me muera, qué me llevare conmigo
Tal vez los miedos nocturnos de ese hombre que será un día mi hijo
quizá, los arboles lila que descubrí esta primavera, y ese niño andando fantasmal en bicicleta por el camino flor y sombra
o una azotea de caballito llena de cal
También,
un veinticinco de mayo de 1973 en la plaza,
un muchachito escribiendo palabras rojas sobre un tanque inerte,
todo ese fragmento de tiempo-espacio que constituye mi recuerdo 




II
Aquel perfume de nardos no evocará en nadie lo que en mí.
La pieza diecinueve dejará de ser aquella en que una noche de marzo en luna llena
se recortaban las chimeneas contra el cielo
y vos
aunque recuerdes aquel lugar en el que fui feliz
no sabrás la dispersión de forma, olor, sonido,
que un día
podrían llenar mi sangre de un sabor dulce y nostálgico
porque
yo misma,
no sé todavía qué del mundo me pertenece por derecho de percepción y emoción..


III
Es posible saber qué me llevo,
pero
qué dejo? 
Se van conmigo la ira, la angustia, la agonía
algunos momentos solitarios y esas culpas tan absurdas y escondidas,
pero me resisto, me niego y no los llevo
ni al amor que me rebalsa y ya no es mío
ni a esta sed de saber
ni a este afán por un mundo presentido que vendrá, lo sé, vendrá

Todo lo dejo en manos de unos cuantos amigos.


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