jueves, octubre 17


1-  
1-     
Pido perdón a todos,
amigos, vecinos, compañeros de ruta, habitantes del siglo
por mis angustias
por mi oficio de apagar estrellas
por esta acostumbrada gimnasia de dudar
por apresar tanta vida
por ser la carcelera de mis ganas
Yo tampoco me gusto,
pido perdón por quien soy


2- 
1-     
Empezare por lo que no me  pertenece:
las nieves de los mas altos cerros
los ventisqueros
la orquídea en lo oscuro de la selva
el vuelo del águila y el cóndor
las moradas de altos, iluminados techos
los manjares cuidadosamente preparados por cocineros extranjeros
las escalinatas de mármol,
las columnas, las verdades absolutas, los dioses, los héroes, las agrupaciones de hombres que portan estandartes,
las logias, los estatutos y los reglamentos
los carteles luminosos de las grandes ciudades (en general, todas las luces)
las seguridades ostentosas, las firmes resoluciones, los credos
y tantas otras certezas ajenas

mi patrimonio es magro, austero (mi riqueza es saberlo)
llanuras, hierbas, sierras asoleadas
el hilo de agua entre las piedras,
largas playas apenas compartidas (ladridos, gaviotas, un consecuente pescador)
corteza de eucaliptos
acuosos frutos del verano
casas de bajas puertas
los anónimos muertos, barricadas
las trincheras,
la duda
la minúscula sonrisa
y ningún absoluto.



martes, octubre 1

En el medio de todo lo que no es



I-
la ciudad se extiende a pocos metros
                  una escasa visión tras las persianas
un follaje desteñido
en una tarde de humo y niebla

mientras, nuestros cuerpos se entregan
a un fecundo ocio de pieles
tal vez por el amor
sin duda por lo inevitable de vivir
a sabiendas de que siempre nos faltan primaveras
y nos sobran otoños para construir
inviernos perdurables

en definitiva,
con una realidad de crustáceo escapando por la arena
en busca de otra ola
al encuentro de otra red


II
palabras, gestos
producen dividendos en mis plantas y en las yemas de mis dedos
tal la quietud en que se nutren y el movimiento que alimentan
puede ser la anatomía de las horas una cálida piel que las prolongue
o un esqueleto articulado el que se derrame en polvo a su contacto
palabra, gesto
qué otra cosa


III
siempre hay un cuervo acechando los ojos y las oscuras fauces del caimán a la orilla de cada amanecer
escorpiones bajo las piedras del camino
y una pantera contraída en la rama del árbol bajo el cual se descansa del agobio del sol
y el hombre insiste, insiste
acaso distraído o peor aún, inocente
insiste
incapaz de decidir una nada rotunda


 IV
el bosque surge, mar de materia que envuelve mis huesos
rumor de alas en mi cuerpo desnudo
el ritmo de sol y clorofila el corazón del árbol mueve
una hoja suspendida por quien sabe qué prodigio
se balancea, tic tac
soy
la hoja desprendida cayendo sin caer
en la cabaña
 la madera crepita metamorfosis de oxigeno
el humo escapa, fuego subvertido,
sombra del árbol: nube agua aire nada
cantando desde el fuego en la cabaña del hombre

V
camine despacio mirando la punta de mis pies
puse la llave en la cerradura, la mano en el picaporte
y entre
camine despacio mirando la punta de mis pies
puse el bolso en mi silla
mi abrigo en la percha
y me acosté
puse mi cara en la almohada
mis manos bajo ella
y lloré
y vos
caminado despacio
mirando la punta de tus pies
te fuiste
y se acabó


VI
detuve todos los embates, acallé todas las voces
protegiendo los reductos del tiempo
(llamaradas de palabras ascendían por mis piernas)
embocé risas resguardando los labios dibujados
encadené las marionetas de mis manos

inventaste horas y vientos para enarbolar caricias
yo quedé detenida en la vereda cauta de las dudas y las agorerías

has cumplimentado mi pedido
las finitas horas, la quietud de la atmósfera.


VII
para que pensar que es tarde y llovizna
a mi lado estan los libros, las carpetas, mi trabajo
para que pensar que es tarde y llovizna 
que estás lejos, que pensás
y mirar por la ventana y ver la niebla fria que rodeará tu casa
a mi lado están los muebles, la luz, el fuego
el reloj que me despertará mañana
para qué pensar que hoy caminamos en direcciones opuestas
es tarde, llovizna


VIII
No es posible aguardar en la ventana hasta ver  la polvareda
de tu caballo violento
ser el huésped predilecto de la mansión oscura
acariciar a mi paso enredaderas que acechan la altura de los muros
observar la quietud de los cuadros en la galería
los sillones marcados con tu peso.
Abrir las pesadas puertas al roce susurrante del viento y volver
despaciosa entre pasillos vacíos a esa habitación que me asignaste
con las rosas rojas, los narcisos, los gruesos volúmenes que deletreamos juntos

Y vos, mientras,
en el amor, la tempestad, la guerra.
Y yo, mientras,
de almena en mirador
esperando tus victorias, tu cuerpo cargado de esencias, de besos, de voces extranjeras.
No es posible nutrirse de los sueños que dispersas por el suelo, excitado y distraído
sin saber para qué soledad mis manos los levantan
Y como te sé en la derrota, cansado, finito,



también tengo a veces un caballo violento

Verás lo que veas

1-
es un dolor, el nuestro, desconocido
dolor para llanto de niño
dolor grave para tu fiebre aguda
dolor bueno, callado y sumiso que ruega
es un dolor que nos prestas pues te llena
y quien de nosotros no se llenara de el  para no prestártelo


2-
por que sera que la senda que mas me acerca a mi
esta al otro extremo de vos
porque este absurdo de vivir con vos sin mi
de vivir sin vos conmigo
con dolor, dolor debo elegir


4- 
después de tanto querer ser
solo soy lo que soy, una mota de opaco polvo
en esta mi ciudad de made in, lentejuelas, candilejas
en esta mi época del acrílico el neón
diminuta, escondida
solo brillo cuando me alcanzan los rayos de algún sol


 5-
La mi mirada larga

es negro, mas lejos de mi
es azul
mas allá de todos
suena denso y cae grave
es miedo
rayo y humo
mas lejos de hoy
es mi hijo
mañana


 6-

lo intento
me siento en la estación
paciente

pero en algún oscuro centro varios nudos se desatan y ascienden los soldados de la ira remontando los torrentes de mi sangre
pergeñados con lanzas, sables, arcabuces rayos laser se acomodan en el vértice de cada espina mía
entonces subo a cada tren
todas las voces los focos insistentes
por cada ventanilla cada puerta rutinaria
me quiebro las aristas oprimo a mucha gente
me duelen nos dolemos
nos amamos nos amanecemos a luz y sombra vaivén y ruido,
hasta llegar a la nueva estación


7- 
tantas ganas de vivir y tener sueño
tantas ganas de vivir que hasta puedo disfrutar el morir


8- 
que es lo que me queda de lo que un día tuve
que es lo que tengo de lo que un día tendría


9-
donde van llegando los caminos
la huella entre las piedras
donde se detienen siguen de largo donde mueren
o empiezan a crecer con desmesura
no se
pero en una esuqina de un dia cualquiera
en una intemperie crecida en hielos
en una clara estacion que habrá sobrevenido cuando ya no lo espere
habremos de encontrarnos, alegres, sorprendidos
con una forma nueva


10- 
una nube fluorescente, cerrazón rumorosa
oscurece la mirada hacia los días de casa, hermanos, padres, delantal
surgen escenas coloridas o sepias
mas no las creo
son inmóviles imágenes que solo yo retuve en una caja negra

entonces llegan voces de testigos e imponen la anécdota
compagino calendarios con esas curiosas historias que me incluyen
me aosmbro y veo el movimiento

tampoco en este dia me se en el espejo, los sonidos que emito
ni en una rigurosa palpación de mi piel o pensamientos
solo cuando pupilas externas me aman acusan, exigen, interrogan
cuando manos de otros me tocan y palabras precisas me penetran
sopesando el volumen, solo entonces
me incorporo en toda la extensión de mi esqueleto
asi es como en este instante en que esbozo estos versos
los sé pobres de mí, los tristes, huérfanos
hasta el tiempo en que los leas, el momento en que tu voz y tu mirada me los traigan de nuevo.


 11-
entonces
vos andabas con muñecas
yo buscaba grutas en los acantilados
vos rezabas de rodillas
yo maldecía de pie los falsos dioses
vos te acurrucabas en ek frío
yo calvaba puñales en el aire
vos eras hermosa y plena
yo fea y desgarbada
vos acariciabas tu vientre redondo
yo construía mi soledad amurallada
entonces
vos construías con tierra y con cemento
yo auguraba cataclismos
vos sonreías y dabas la mano
yo me espiralaba en rictus
entonces escribimos versos juntas, aunque eras vos quien los dictabas
ahora
a veces vamos hombro a hombro
o nos miramos con odio o asustadas
ahora
nos sentamos en la misma silla
con piedad la una de la otra
a escribir estos versos


12-
El mundo ajeno
y siempre el olor de los jazmines.

Mi madre cortaba su cuerpo en la cintura para no saber de su sexo otoñando
Mi padre estrechaba sus horas hacia un reposo de ochenta y dos por ciento móvil
La ventana acuñaba heridas en el marco, el ciruelo en la corteza, iniciales de un amor solo consumado entre la hendija y el filo.
En el fondo vecino,
un cerdo chillaba su destino navideño

y siempre el olor de los jazmines

Don Pascual ya no vende pan dulce casero
ya no Don Pascual.
No mas piano ni maestra con odio de sala sin salón, piano sin cola, larguísimas tardes de alumnos sin talento.
Clara, la más pobre, de empinado mentón,
ya no dispara tristezas por el cañón de su resentimiento.
Sebastián ya no enferma de todas las muertes vecinas,
muere propiamente.
Sólo el olor de los jazmines,

y siempre el mundo ajeno


13- 
te veo, viento
sacudiendo mi desplegada envergadura
moviendo mi follaje que estuviera quietamente verde
y hoy a tus furias se ve caer en hojas castañas, conscientes de esta pesadumbre de saberse
al fin, aunque tarde
te huelo,
aromándome en polen y néctar de otros bosques
inaccesibles, distantes mundos vegetales
te palpo,
estrujando la arboladura de mi nave
naufragándome en océanos de vibrantes espumas y telepáticos peces
te siento
encenderme en imprevisibles llamaradas
y helarme en previsibles soledades

como me dueles, con ese tu designio de pasar
con este mi destino de quedarme


 14-
Que los personeros de la dicha me digan que es esa felicidad prescripta :
¿la carcajada, el discurso fácil, el cuerpo siempre contactado, ser toda la evidencia, todas las luces alumbrando?
Me siento en un rincón. Observo. Alumbro para adentro, oigo reir todos mis huesos,  llorar a mis fluidos. No hay barreras, no hay equívocos en el encajonado río.
No vengan a exigirme ajenas muestras de exigencia.
Calar el dulce corazón de la sandía, no estallarla en el suelo para conocer su adentro.
Apretado, bullente, pulsando, sin hastíos, comprimido en núcleos, lo quieto vive, cuando se mueve sabe ser preciso, como los pueblos acallados,  esperando el exacto momento.
Sin violar cerraduras, el secreto es ofrecido a mi amistad de respetuosa observadora.
Espero a los otros quietos, los de la pobre mesa, algún santo o algún  ídolo, el jazmín en el vaso, la pelea diaria sin texto y sin armas, con la anacrónica risa destemplada.
Algún día ¿las lágrimas desboradarán los vasos?  ¿el vino ya no será sordina del dolor?