mi herencia,
que la hora no sonaba puntual
y el sol no calentaba mis pieles sucesivas.
Las voces me nombraban,
los silencios eran míos.
Hubo un acontecer de hiedra,
de lento musgo sobre las rocas de la playa.
Hoy puedo decir que me nazco,
vegetación revelada,
palabra rotunda en la voz que nombro y me nombra,
signos cabalísticos atropellando una lógica cansada
Entonces,
todo aquello parece un simulacro,
un ejercicio preparatorio sin mucha relación
con esta que me vivo
desde el instante sin historia,
desde el tiempo sin estaciones,
eligiéndome toda en los ojos que me miran

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