estás
ahí, pálida y alegre,
con una guitarra blanca en las manos,
una
sonrisa blanca en tu cara, que es negra
Diminuta,
tan clara, no sabés nada
de
esta ansiedad de aprehender todo este mundo y el que fue
sentarse
en los bancos, mil,
respirar
los huesos de los nombres y los hombres en las aulas, mil
simplemente
estás allí, tan niña
con
tu sonrisa que viene desde un polvo lejano de infancia
tu melodía de rondas y risas.
En
la pizarra negra cuelgas
último
espiral de tiza blanca
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