Se me ocurre proponerles un juego, ustedes y nosotros
o mejor, juguemos a despojarnos, usted y yo
Usted, señor, debe despojarse primero de sus yates
sus estancias, sus caballos de raza y sus perros de pedigree
yo, de mi mochila (mi perro atorrante hace mucho ha muerto)
Usted debe despojarse de sus viajes a París, Nueva York y Amsterdan
yo, de mis ganas de ver a mis hermanos de otros pueblos.
Usted, de todas sus tarjeta de crédito
yo, de todos los créditos que debo
Usted, de sus uniformes y sus trajes a medida y a la moda
yo, de mis multiformes ropas a mi gusto
Usted, de su gorra adueñada del escudo
y sus sombreros made in france
yo, de mi boina, mi visera,
mis pañuelos anudados en las puntas
Usted, señor, debe despojarse de sus armas todas y diversas
incluyendo hasta la última pistola que exhibe sobre el hogar a leña
yo, esta vuelta obviamente paso
Usted, de sus cuentas bancarias día a día acrecentadas
yo de mi sueldo y del cuento del aumento
Usted, de las recepciones y las conferencias de prensa
yo, de los asados en Ezeiza y de todos mis poemas
Usted, propietario de la guerra,
de su bronceado y sus músculos adiestrados
yo de cicatrices, marcas varias, evidencias del amor y el postergado vértigo
Usted, del poder de decidir sobre la vida de otros
yo, de la posibilidad de elegir mi propia muerte
Usted, de su inquebrantable voluntad puesta al servicio de derrocar gobiernos
yo, de mis quebrantadas fuerzas para sostenerlos
Y después de tanto despojarnos, por fin, estaremos iguales
solo que yo, con seguridad,
todavía no habré empezado a perder lo que más quiero
y usted, seguramente, estará muerto

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